Todos sabemos cuándo cumpliremos 60 o 65 años. Lo que nadie puede prever es cuándo un problema de salud puede impedirnos seguir trabajando. La jubilación o retiro por invalidez es, justamente, la respuesta del sistema previsional ante esa contingencia: una prestación destinada a quienes, por enfermedad o accidente, presentan una incapacidad total y permanente para desarrollar cualquier actividad laboral.

Sin embargo, hay una realidad que debemos asumir: nadie se prepara para este momento. Los requisitos: estar al día con los aportes no es opcional. A diferencia de la jubilación ordinaria, el retiro por invalidez no exige una edad determinada, pero sí requiere cumplir con dos condiciones fundamentales:

* contar con una condición de aportante regular, * y acreditar un grado de incapacidad igual o superior al 66%, determinado por Comisión Médica.

Aquí aparece un punto crítico, especialmente para los trabajadores independientes: los aportes deben estar efectuados dentro del mes calendario de vencimiento. Los aportes fuera de término pueden significar no cumplir con la condición de aportante y, en consecuencia, quedar fuera del sistema en el momento en que más se lo necesita.

El límite del sistema

Cuando una persona accede a un retiro por invalidez, lo hace porque ya no puede trabajar, por ende pierde su fuente de ingresos principal. Y aunque el sistema previsional brinda una prestación, la realidad indica que ese ingreso suele ser insuficiente para sostener el nivel de vida previo. A esto se suma otro factor: la propia situación de salud que originó la incapacidad suele implicar mayores gastos médicos, tratamientos y cuidados. Es decir, en el peor momento, los ingresos bajan… y los gastos aumentan.

La importancia de anticiparse

Frente a este escenario, la planificación deja de ser una opción y pasa a ser una necesidad. Si bien el sistema previsional cubre parte de la contingencia, no alcanza por sí solo para garantizar estabilidad económica ante una incapacidad. Por eso, cada vez más trabajadores comprenden la importancia de complementar esa cobertura mediante herramientas que permitan:

* generar un ingreso adicional, * cubrir gastos de salud, * sostener económicamente al grupo familiar.

Complementos necesarios

Entre las alternativas más utilizadas se encuentran: * coberturas para enfermedades graves, * seguros por incapacidad o accidentes. * rentas por hospitalización, * seguros de vida con ahorro. * seguros de retiro.

Estas herramientas permiten formar un capital durante la etapa activa, que será clave cuando ya no sea posible generarlo.

Una mirada preventiva

La jubilación por invalidez nos enfrenta a una verdad incómoda: no todo depende de nuestra voluntad. Podemos elegir cuándo trabajar, cuándo cambiar de actividad o cuándo proyectar nuestro retiro. Pero no podemos elegir cuándo una enfermedad o un accidente cambiará nuestra vida. Por eso, más allá de cumplir con los aportes previsionales, es fundamental anticiparse y tomar decisiones que protejan nuestro futuro y el de nuestra familia.

Vivir más… y estar preparados

Hoy vivimos más años, pero también la vida nos interpela a estar preparados para atravesar distintas contingencias a lo largo de la vida: la enfermedad, incapacidad y el fallecimiento. No se trata solo de llegar a la jubilación, sino de poder sostenernos a nosotros mismos y a nuestra familia, incluso cuando la vida nos obliga a detenernos.